miércoles, 13 de junio de 2012

Esto es lo que hace la Megaminera VALE en Brasil

La Multinacionale Vale que realiza la explotacion de potasio en Mendoza y
próximamente lo hará en Nqn, es parte del consorcio que construye la represa
hidroeléctrica de Belo Monte, un nuevo Genocidio de los innumerables en curso
en todo este podrido mundo que vivimos...
Pablo


¡Esta Foto debe dar la Vuelta al Mundo!


La evacuación de la tribu Kayapó – un pueblo indígena de la región amazónica de Mato Grosso en Brasil – , ha comenzado… La construcción de la represa hidroeléctrica de Belo Monte se libera…, a pesar de numerosas protestas y más de 600.000 firmas recogidas. Por lo tanto, la pena de muerte ya fue dada a la gente de la gran curva del río Xingu. Belo Monte, un total de 400.000 hectáreas de bosque será inundado, un área que es más grande que el Canal de Panamá. 40.000 personas de las comunidades indígenas y locales…, el hábitat de muchas especies animales y vegetales, serán destruidos.
Todo en orden de la producción de electricidad más fácil, más eficaz y rentable, producida principalmente por los inversionistas. Sé que esto no le suceda a nuestro país…. Algunos dirán: ¿Qué nos importa Brasil? Como si no tenemos nuestros propios problemas… ¡Pero no soy de ésta opinión! La desesperación inherente a ésta imagen, a ése rostro… me hizo pensar…: “La historia de la tribu kayapó debe ir por el mundo y tal vez provocar una revalorización. Lejos de la marcha despiadada de la sociedad capitalista…, hacia responsables…”

jueves, 7 de junio de 2012

Vía Campesina en Rio: Los pueblos del mundo frente a los avances del capitalismo


Documento de Posicionamiento de La Vía Campesina
Los pueblos del mundo frente a los avances del capitalismo: Rio+20 y más allá

Los gobiernos de todo el mundo se reunirán en Río de Janeiro, Brasil del 20 al 22 de junio de 2012, para supuestamente conmemorar 20 años de la "Cumbre de la Tierra", la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, que estableció por primera vez una agenda global para el "desarrollo sostenible". Durante esa cumbre, en 1992, se adoptaron tres convenios internacionales: el Convenio sobre la Diversidad Biológica, el Convenio de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Convenio de Lucha contra la Desertificación. Cada una de ellos prometía poner en marcha un conjunto de acciones destinadas a proteger el planeta y la vida sobre él, y contribuir a que todos los seres humanos gocemos de una vida digna.
Muchas organizaciones sociales en ese momento saludamos y apoyamos con esperanza las nuevas convenciones. Veinte años después, vemos que las causas reales del deterioro ambiental, económico y social siguen sin ser atacadas. Peor aún, nos alarma profundamente que la próxima reunión de junio servirá para profundizar las políticas neoliberales y los procesos de expansión capitalista, concentración y exclusión que nos tienen hoy envueltos en una crisis ambiental, económica y social de gravísimas proporciones. Bajo el nombre engañoso y mal intencionado de “economía verde” , hoy se anuncian nuevas formas de contaminación y destrucción ambiental, así como nuevas olas de privatización, monopolización y expulsión desde nuestras tierras y territorios.

La Vía Campesina se movilizará para este evento, representando a la voz campesina en el debate mundial y defendiendo un camino diferente de desarrollo, arraigado en el bienestar de todos y todas, que garantice los alimentos para todos, que proteja y garantice que los bienes comunes y los recursos naturales estén al servicio de un buen vivir para todas y todos y no de las necesidades de acumulación de unos pocos.
20 años después: el planeta y la humanidad en crisis
20 años después de la Cumbre de la Tierra, el conjunto de la vida en el planeta se ha vuelto dramáticamente difícil. El número de personas hambrientas ha aumentado a casi mil millones, lo que significa que uno de cada seis seres humanos está pasando hambre, principalmente niños y mujeres del campo. La expulsión desde nuestras tierras y territorios sigue avanzando de manera acelerada, ya no sólo por las condiciones de desventaja que se nos imponen desde los tratados comerciales y el sector industrial, sino por nuevas formas de acaparamiento de la tierra y el agua, la imposición global de formas de propiedad intelectual que nos roban nuestras semillas, por la invasión de semillas transgénicas, el avance de las plantaciones de monoculivos, los megaproyectos, la minería.
Las grandes promesas de Río 92 han resultado una farsa. El Convenio de Biodiversidad no detuvo la destrucción de la biodiversidad y fortaleció y generó nuevos mecanismos destinados a privatizarla y convertirla en mercancía. La desertificación sigue avanzando de la mano de la agricultura industrial y la expansión de los agronegocios y de las plantaciones de monocultivos. El calentamiento de nuestro planeta -con todo los desastres y el sufrimiento dramático que ya está causando- no se ha detenido, sino que se ha acelerado y agravado.
El gran engaño de 1992 fue el “desarrollo sustentable”, que inicialmente las organizaciones sociales vimos como una posibilidad de enfrentar la raíz de los problemas. Sin embargo, no fue más un lavado de cara de la búsqueda de nuevas formas de acumulación. Hoy buscan legitimar una nueva fachada, especialmente bajo el nombre de “economía verde”
La “economía verde” y otras falsas soluciones: un nuevo asalto a los pueblos ysus territorios
La ganancia capitalista ha generado la mayor crisis del sistema desde 1929. Desde2008, el sistema hegemónico intenta encontrar salidas a su crisis estructural, buscandonuevas posibilidades de acumulación que mantengan su lógica. Es en este contexto queocurrió la captura corporativa de los convenios de diversidad biológica y cambioclimático y, consecuentemente, el desarrollo de esta nueva ingeniería financiera llamadaCapitalismo Verde.
Gobiernos, empresarios y los organismos de Naciones Unidas han pasado los últimos años construyendo el mito de la “economía verde” y del “enverdecimiento de la tecnología”. La presentan como la nueva posibilidad de hacer coincidir el cuidado de la Tierra con los negocios, pero es en realidad la vía para lograr nuevos avances del capitalismo, hasta poner a todo el planeta bajo el control de los grandes capitales. Son varios los mecanismos que se impulsarán a través de la economía verde y todos ellos aumentarán la destrucción. Más específicamente,
  1. La economía verde no busca detener el cambio climático ni el deterioro ambiental, sino generalizar el principio que quien tiene dinero puede seguir contaminando. Hasta el momento han utilizado la farsa de la compra de bonos de carbono para poder seguir emitiendo gases invernadero. Hoy están inventando los bonos de biodiversidad. Es decir, las empresas podrán seguir destruyendo bosques y ecosistemas, siempre y cuando le paguen a alguien para que supuestamente conserve la biodiversidad en algún otro lado. Mañana posiblemente inventen los bonos de agua, de paisaje, de aire puro.
  2. Los sistemas de pago por servicios ambientales se están utilizando para quitarle sus tierras y territorios a los pueblos indígenas y campesinos. El mecanismo que están impulsando con más fuerza gobiernos y empresas es el sistema REDD y REDD plus. Dicen que es un sistema para reducir las emisiones de gases invernadero producto de la deforestación y degradación de los bosques, pero se está utilizando para imponer, por un pago irrisorio, planes de manejo que les niegan a familias y comunidades rurales el acceso a sus propias tierras, bosques y fuentes de agua. Además, garantizan el acceso irrestricto de las empresas a las áreas de bosque colectivo, potencializando la biopiratería. También imponen contratos que amarran a las comunidades a esos planes de manejo por 20 años o más y que dejan las tierras indígenas y campesinas como prenda hipotecaria, lo que crea la posibilidad cierta de que esas comunidades pierdan sus tierras. El objetivos de los servicios ambientales es tomar control de los espacios naturales de reserva y de los territorios que aún están bajo el control de nuestras comunidades.
  3. Otra iniciativa de la economía verde es convertir a las plantas, las algas y a todos los restos orgánicos (rastrojos, estiércol, etc) en fuente de energía para sustituir el petróleo; es lo que llaman “uso de la biomasa” . Con los agrocombustibles, esto ha significado que millones de hectáreas que debieran estar cubiertas de bosques o produciendo alimentos hoy se utilizan para alimentar máquinas. Si efectivamente se generaliza el uso energético de la biomasa, veremos que la vida en el mar se reduce aún más porque una parte importante de especies marinas se quedará sin alimento, que nuestros suelos no recuperarán la materia orgánica que es imprescindible para conservar la fertilidad y protegerse contra la erosión y la sequedad, y que será imposible alimentar a nuestros animales porque los alimentos se harán cada vez más escasos y caros. También se agravará la escasez de agua, ya sea por el cultivo de agrocombustibles, ya sea por que nuestros suelos no tendrán capacidad para absorber y retener agua al faltarles la materia orgánica.
  4. Después nos hablan de “agricultura climáticamente inteligente”, que sólo busca que aceptemos una nueva Revolución Verde -posiblemente con transgénicos- y que en vez de exigir apoyo efectivo para defendernos de los efectos del cambio climático, aceptemos pagos irrisorios que funcionarán igual que REDD. También buscan imponernos sistemas altamente dependientes de grandes cantidades de agrotóxicos, como la siembra directa a base de pulverizaciones aéreas de Round Up, los que pasan a ser llamados “agricultura baja en carbono.” Es decir, nos obligarán a hacer un cierto tipo de agricultura y podremos perder el control sobre nuestros territorios, nuestros ecosistemas y nuestra agua.
  5. Uno de los aspectos más perversos de las falsas soluciones que se impulsan en las negociaciones internacionales es la de restringir el acceso y el uso del agua de riego. Usando como pretexto el hecho que el agua de riego es escasa, proponen que el agua se concentre en “cultivos de alto valor”; es decir que se rieguen los cultivos de exportación, los agrocombustibles y otros cultivos industriales, y que se deje de regar los cultivos para la propia alimentación
  6. El impulso de soluciones tecnológicas que no son solución alguna es parte también de la agenda de las discusiones en Río. Entre las más peligrosas están la geoingeniería y la aceptación de los cultivos transgénicos. Hasta el momento, ninguna de las soluciones propuestas por la geoingeniería ha demostrado tener capacidad real de solucionar los problemas del clima. Por el contrario, algunas de las formas de geoingeniería (como la fertilización de los mares) son tan peligrosas que internacionalmente se ha declarado una moratoria sobre ellas. Para que aceptemos los transgénicos se nos dice que crearán cultivos resistente a la sequía y al calor, pero lo único nuevo en transgénicos es más variedades resistentes a herbicidas, las que además están haciendo que vuelvan al mercado herbicidas altamente tóxicos, como el 2,4,-D.
  7. El plan más ambicioso y lo que algunos gobiernos identifican como “el mayor desafío” es el de ponerle precio a todos los bienes de naturaleza (como el agua, la biodiversidad, el paisaje, la vida silvestre, las semillas, la lluvia, etc), para luego privatizarlos (con la excusa de que conservarlos requiere dinero) y cobrarnos por su uso. A esto se le llama la Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad (TEEB). Es el asalto final a la naturaleza y la vida, pero también a los medios de trabajo y de vida de los pueblos que viven de la agricultura, la caza y la pesca.

Este capitalismo “verde” tiene en la mira especialmente los espacios rurales comunes, la agricultura, la tierra y el agua. Ya estamos sufriendo sus efectos en la forma de acaparamientos de tierra, privatización del agua y de los océanos, de los territorios indígenas, de los parques nacionales y las reservas naturales, todos procesos que están siendo acompañados de expulsiones forzadas de comunidades campesinas e indígenas.

La solución real: poner al centro las agriculturas campesinas e indígenas
Los pueblos campesinos e indígenas somos quienes concentramos los mayores niveles de pobreza, porque se nos ha despojado de la tierra y se nos ha cercado por la ley o por la fuerza para que no podamos cultivar e intercambiar libremente. Sin embargo, somos pueblos que seguimos resistiendo la expulsión desde el campo, y aún somos más del 90% de la población rural. Nuestras formas de hacer agricultura enfrían el planeta, cuidan los ecosistemas y aseguran la alimentación para los sectores más pobres.
Toda solución real pasa por detener el lucro desenfrenado del capital, acabar con la complicidad de los gobiernos y apoyar las formas de producción que efectivamente cuiden el planeta. La Soberanía Alimentaria es parte del corazón de los cambios necesarios, el único camino real para hacer posible alimentar a toda la humanidad. Nuestras propuestas son claras y entregan soluciones reales:
  1. Debemos cambiar el sistema alimentario industrial agroexportador por un sistema basado en la soberanía alimentaria, que devuelva a la tierra su función social como productora de alimentos y sustentadora de la vida, que ponga en el centro la producción local de alimentos, los circuitos de comercialización y procesamiento local. La soberanía alimentaria permite acabar los monocultivos y los agronegocios, fomentar los sistemas de producción campesina que se caracterizan por su mayor intensidad y productividad, su capacidad para dar trabajo, cuidar el suelo y entregar una producción sana y diversificada. La agricultura campesina e indígena es también la que puede enfriar el planeta; con capacidad de absorver o evitar hasta 2/3 de los gases invernaderos que se emiten cada año.
  2. La tierra actualmente en manos campesinas e indígenas es alrededor del 20% de la tierra agrícola a nivel global. Si embargo, con esa tierra las familias y comunidades campesinas e indígenas producimos al menos la mitad de la alimentación mundial. En nuestras manos está la forma más segura y eficiente de superar el hambre en el mundo.
  3. Para asegurar alimentación para todos y restaurar la normalidad climática en la tierra, es necesario que la agricultura vuelva a ser una tarea en manos principalmente de comunidades campesinas y pueblos indígenas. Para ello debe hacerse de manera urgente reformas agrarias integrales y de gran amplitud, que acaben con la concentración extrema y creciente de la tierra que hoy afecta a la humanidad. Esas reformas agrarias son las que darán las condiciones materiales para que la agricultura cumpla su papel en beneficio de la humanidad entera y por ello la defensa y protección de las agriculturas campesinas e indígenas es hoy una tarea de todas y todos. En lo inmediato, es necesario detener todos las transacciones, concesiones y traspasos que signifiquen concentración o acaparamiento de tierras y/o desplazamiento de comunidades rurales.
  4. Los sistemas campesinos e indígenas de agricultura, caza, pesca y pastoreo que ayudan a cuidar la tierra y la alimentación deben ser apoyados adecuadamente con fondos y medios públicos no condicionados. Los mecanismos de mercado -como venta de carbono y servicios ambientales- deben desmontarse de inmediato y reemplazarse por medidas reales, como las que mencionamos más arriba. Detener la contaminación es un deber que nadie puede evadir comprando derechos a seguir destruyendo.
  5. El uso legítimo de lo que ahora organismos internacionales y empresariales llaman biomasa es alimentar a los seres vivos y volver a la tierra para restaurar su fertilidad. Las emisiones provenientes del derroche de energía deben reducirse en base al ahorro y el fin del despilfarro. Necesitamos fuentes de energía renovable decentralizados, al alcance de los pueblos.
Todos movilizados para desenmascarar Rio+20 y el capitalismo verde
Nosotros y nosotras, campesinos y campesinas, agricultores y agricultoras familiares, campesinos y campesinas sin tierra, pueblos indígenas y migrantes -hombres y mujeres- nos oponemos decididamente a la mercantilización de la tierra, nuestros territorios, el agua, las semillas, los alimentos, la naturaleza y la vida humana. Reiteramos lo dicho en la Cumbre de los Pueblos en Cochabamba, Bolivia: “La humanidad está frente a una gran disyuntiva: continuar el camino del capitalismo, la depredación y la muerte, o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida.”
Repudiamos y denunciamos la economía verde como una nueva máscara para ocultar mayores niveles de codicia de las corporaciones y del imperialismo alimentario en el mundo y como una forma brutal de lavarle la cara al capitalismo, que sólo impone falsas soluciones, como el comercio de carbono, REDD, la geoingienería, los transgénicos, los agrocombustibles, el bio-char y todas las soluciones de mercado a la crisis ambiental.
Nuestro reto es restituir otra manera de relacionarnos con la naturaleza y entre los pueblos. Ese es también nuestro deber y nuestro derecho y por ello seguiremos luchando y llamamos a seguir luchando incansablemente por la construcción de la soberanía alimentaria, por la reforma agraria integral y la recuperación de los territorios indígenas, por poner fin a la violencia del capital, y por restituir los sistemas campesinos e indígenas de producción basados en la agroecología.
NO A LAS FALSAS SOLUCIONES DEL CAPITALISMO VERDE
AGRICULTURA CAMPESINA YA!

martes, 5 de junio de 2012

Río+20: entre el capitalismo verde y la defensa de los bienes comunes


Como antesala de la próxima Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, Río de Janeiro se prepara para ser sede, entre el 20 y el 22 de junio, de una nueva Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Pero, ¿qué está en juego en Río+20? ¿cuáles son las propuestas oficiales, las presiones corporativas y las demandas desde la sociedad civil? ¿quiénes son los actores principales, los secundarios y los ocultos? ¿quiénes tienen realmente el poder? Es necesario algo de historia para entender cómo se llega a esta nueva Cumbre de la Tierra.
ESTOCOLMO ’72
La fiebre del crecimiento económico de postguerra, expresada en la intensificación de la industrialización y el extractivismo en la segunda mitad del siglo XX, llevaron a las naciones del norte global a experimentar fenómenos de contaminación transfronteriza que por primera vez concibieron como problemáticas necesarias de ser debatidas y enfrentadas, no de manera particular y aislada, sino como cuestiones globales, en el seno de las Naciones Unidas.
Por cierto, los impactos sociales y ambientales generados, desde las épocas coloniales, por los estados o empresas de los países industrializados en los países del sur global, ya sea por procesos de contaminación local o depredación, nunca fueron, hasta hoy, concebidos como una cuestión global digna de ser debatida internacionalmente.
Puede o no ser casualidad que, habiendo sido la contaminación del Mar Báltico por emisiones lejanas una de las más notorias y evidentes situaciones de crisis ambiental global, la primera Convención de Naciones Unidas para el Medio Ambiente Humano se realizó en Estocolmo en junio de 1972.
Estocolmo ’72 fue también escenario de la primera cumbre paralela impulsada por organizaciones ambientalistas, dominadas entonces por las conservacionistas que tenían expresión principalmente en los países del norte, como la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN, 1948), The Nature Conservancy (TNC, 1951) y el Fondo Mundial para la Vida silvestre (WWF, 1961). Surgían también organizaciones con un prisma más político, como Amigos de la Tierra (1969), fundada por un director del antiguo Sierra Club (1892), molesto por la debilidad de su rechazo a la energía nuclear.
Chile, como buena parte de América Latina, se mantenía ausente de estos debates globales emergentes, inmerso en la agitación política que lo sacudía entre el progresismo socialista y la reacción de la derecha económica. Esta saldría finalmente victoriosa a punta de golpes militares, y, sobre la base de esta misma fuerza militar, sentaría las bases para imponer en nuestro país un modelo sin precedentes en cuanto al sometimiento de los bienes comunes (sociales y naturales) al poder del mercado.
No obstante, las problemáticas y las organizaciones ambientales no habían sido del todo inexistentes en el escenario nacional. En 1968 nacía la primera ONG ecologista, el Comité pro Defensa de la Fauna y Flora (CODEFF), como respuesta a conflictos de contaminación urbana y las amenazas sobre ecosistemas y especies en peligro. Los parques nacionales comienzan a evolucionar desde “areas de interés ambiental” hacia el de “lugares de conservación y preservación de los ecosistemas de importancia nacional”.
A comienzos de los años 70, ya se empezaban a hacer sentir voces de comunidades afectadas por la contaminación industrial, como el -ahora, amplificado- caso de Puchuncaví, cuyos agricultores campesinos y pescadores artesanales ya reclamaban por el impacto de las flamantes fundición de cobre (entonces de ENAMI) y planta termoeléctrica de Ventanas, entonces ambas estatales. Cuentan que el gobierno de la Unidad Popular había encargado a Rumania una planta de ácido sulfúrico para mitigar las emisiones de dióxido de azufre de la fundición, y que tuvo que devolverse en pleno viaje debido al golpe militar.
A Estocolmo la sucedieron, durante los ’70, una serie de conferencias mundiales sobre “cuestiones globales”: población, alimentación, asentamientos humanos, agua, desertificación, ciencia y tecnología, etc, que avanzaban a la nueva concepción de un sistema global interrelacionado, operando bajo restricciones comunes.
Las iniciativas políticas de los gobiernos se vieron acompañadas de una creciente producción bibliográfica que relaciona el desarrollo socio-económico y la ecología, que tiene un hito en “Los Límites del Crecimiento”, del Club de Roma (1972), que van orientando los consensos hacia un paradigma que fuera aceptable para las élites internacionales del desarrollo, que no cuestionara su liderazgo y, bajo una noción de ecosistemas globales, dirigiera la atención a un tercer mundo sobrepoblado e insustentable.
DESARROLLO SUSTENTABLE: ¿UN NUEVO PARADIGMA?
Luego de un escabroso camino, la política internacional produjo en 1987 el Informe de la Comisión de Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo, más conocido como Brundlandt (por el apellido de la ex-primera ministra noruega que lo dirigió), dando a luz al paradigma del “desarrollo sustentable” (o “sostenible”), que incorpora la variable ambiental y de la disponibilidad de recursos naturales en el largo plazo, no como una responsabilidad ética, sino como parte de una estrategia de aseguramiento del crecimiento futuro.
Así como alrededor de 1970 el “crecimiento con equidad” (que llegaría a Chile recién el 2000 como slogan de campaña presidencial) había sido el concepto para reinventar el desarrollo: Más desarrollo para eliminar la pobreza (que se intensifica con el desarrollo); ahora el “desarrollo sustentable” era la nueva piedra filosofal: Más desarrollo, para eliminar la pobreza, que impide el uso sostenible de los recursos.
Las evaluaciones retrospectivas de personalidades del ambientalismo nacional e internacional sobre el desarrollo sustentable y su vigencia no son generosas. Para el destacado Ingeniero Agrónomo Nicolo Gligo, Director del Centro de Análisis de Políticas Públicas de la U. de Chile y Coordinador del Informe sobre el Estado del Medio Ambiente de Chile, “el famoso paradigma del desarrollo sustentable no tiene ninguna validez. Desarrollo sustentable tiene tantas interpretaciones como voluntades políticas para manejar el medio ambiente. (..) Es una trampa semántica como otras que ya se hacen frecuentes en la temática ambiental, y donde desafortunadamente, tropiezan muchos ciudadanos”.
Para Nnimmo Bassey, presidente de Amigos de la Tierra Internacional y Premio Nobel Alternativo 2010, “el desarrollo sostenible se ha convertido en un oxímoron, una contradicción de términos. (..) Lo que se ha buscado es la acumulación sostenible de los beneficios, el poder militar y los derechos de explotación acelerada de los ecosistemas y los pueblos vulnerables.”
RIO’92
De este modo, pasando sobre los escombros del muro de Berlín, se llegó a la primera Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, también llamada Cumbre de la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1992, que congregó a representantes de 178 gobiernos (125 jefes de Estado) y unos 400 representantes de ONG, que se suman a unas 17 mil personas que participaron en el Foro Paralelo a la cumbre.
La Cumbre de la Tierra emitió la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo, que aclara el concepto de desarrollo sustentable y establece principios para su impulso. Allí se adopta la llamada Agenda 21, que establece recomendaciones para alcanzar el desarrollo sustentable en múltiples ámbitos, como la salud, la vivienda, la contaminación del aire, la gestión de los mares, bosques y montañas, la desertificación, la gestión de los recursos hídricos y el saneamiento, la gestión de la agricultura, la gestión de residuos.
Asimismo, en Rio ’92 se aprobó la Declaración sobre los Bosques, el Convenio sobre la Diversidad Biológica y la Convención sobre el Cambio Climático, que más adelante llevó a la firma del Protocolo de Kyoto (1997).
Nícolo Gligo evalúa que “la Agenda 21 fue tan amplia y genérica que se convirtió en un instrumento inútil. (..) No obstante, algunas convenciones como la referida a la capa de ozono derivaron en políticas específicas que se tradujeron en importantes avances para disminuir los efectos de las sustancias contaminantes.”
Bassey afirma que “los acuerdos de la Cumbre de la Tierra han sido sistemáticamente subvertidos y negados. Durante los últimos 20 años el sistema global ha sido en gran parte privatizado y los bienes comunes se han reducido debido a estas presiones. La Agenda 21 se convirtió en un tabú para las fuerzas del capital.”
Efectivamente, habiéndose dotado al crecimiento económico de un sello ambiental, comenzó el traspaso masivo de recursos e instrumentos para el manejo ambiental desde el ámbito público hacia el ámbito de decisión de las corporaciones privadas y las instituciones financieras internacionales (IFIs), encauzadas en la vía de las reformas estructurales y la minimización de los Estados.
¿Y QUÉ PASABA EN CHILE?
En Chile, la recuperada democracia daba sus primeros y torpes pasos, y emprendía, entre todos sus desafíos, el de actualizar las políticas públicas en aquellos temas emergentes que ya eran relevantes en gran parte del mundo.
Pero, como en otros ámbitos de la política nacional, la elaboración e implementación de políticas explícitas e instituciones para la protección ambiental, de la mano de una sociedad civil expectante y entusiasta por participar en estos temas, chocaron desde el comienzo con la mantención y preeminencia de las bases y los criterios del modelo neoliberal, que subordina las decisiones públicas al funcionamiento del mercado y los objetivos de crecimiento económico, bajo la conducción de las élites empresariales con creciente presencia multinacional.
Así, en el laboratorio neoliberal que siguió siendo Chile durante los gobiernos de la Concertación -ahora con legitimidad democrática-, la diversidad cultural y biológica, la belleza escénica, el conocimiento tradicional y los derechos de pueblos indígenas, el cuidado y acceso a bienes comunes -el agua, el aire, la tierra, las semillas- han sido valores permanentemente despreciados en beneficio de los intereses corporativos de sectores depredadores como la gran minería, la megageneración energética y la transmisión eléctrica, la industria forestal, la agroindustria, la pesca industrial y la salmonicultura, el sector inmobiliario y el retail en las ciudades. O sea, por los dueños de Chile.
La huella del “desarrollo sustentable” en Chile es una extensa herida conformada por ecosistemas destruidos y especies desaparecidas, comunidades rurales y urbanas violentadas y desarraigadas, pérdida de patrimonio natural y construido. Todo, en nombre del crecimiento y sobre la base de la desigualdad y la injusticia social.
LAS TENDENCIAS DEL AMBIENTALISMO
Conforme los Estados nacionales y las Naciones Unidas cedían soberanía –por derecho, de los pueblos- en favor de las corporaciones multinacionales y las Instituciones Financieras Internacionales, comenzó también a expresarse una divergencia que sería definitiva en el ambientalismo ciudadano.
Por un lado, un mundo de ONGs pragmáticas, que no cuestionan el funcionamiento general del sistema socio-económico y que, por el contrario, -reducidos y ausentes los Estados- se valen del capital privado y de alianzas con sus actores más poderosos para llevar adelante sus acciones, cada vez más restringidas en términos de espacios y objetos ambientales a conservar y cada vez más orientadas a la limpieza de imagen de las industrias sucias, bajo el concepto de la “responsabilidad empresarial”.
Ricardo Navarro, presidente del Centro Salvadoreño de Tecnología Apropiada (CESTA), premio Goldman 1995, señala que “han surgido muchos que lo que buscan es
darle un maquillaje verde a las corporaciones, o sea permitiendo que la explotación de recursos y disposición de desechos continúe como siempre, pero desarrollando algún proyecto ambiental que le dé imagen a las corporaciones”.
Las mayores exponentes de este tipo de organización son las ya mencionadas WWF, UICN y TNC, así como la fundación AVINA, asimilables hoy a grandes empresas (por sus objetivos y nivel de presupuesto) y con acuerdos de “greenwashing” con empresas multinacionales devastadoras, como la petrolera Shell o la cementera HOLCIM.
Por otro lado, se viene desarrollando un creciente movimiento internacional, constituido por organizaciones y redes que tienden a converger en la demanda por “justicia ambiental”, la que, bajo las definiciones de la ecología política, se plantean, en una posición sistémica, marcadamente anti-neoliberal, la defensa de la comunidades y los pueblos en los conflictos ambientales causados por el crecimiento económico y la desigualdad social, en los planos local, regional, nacional y global.
Aquí destacan redes como La Via Campesina, que reúne organizaciones campesinas de base de todo el mundo, con la demanda principal de la soberanía alimentaria; la federación Amigos de la Tierra Internacional, integrada por organizaciones diversas de 76 países; la red global Jubileo Sur, que bajo el lema “Nosotros somos los acreedores” relaciona la ilegitimidad de la deuda externa de los países en desarrollo con las deudas históricas, sociales y ecológicas contraídas por el mundo desarrollado con el sur global; así como organizaciones nacionales como la española Ecologistas en Acción, la ecuatoriana Acción Ecológica, y, en Chile, el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales.
En medio, destaca GreenPeace (1971), la mayor organización ambientalista internacional, en términos de la cantidad de miembros, realiza su actividad mediante el activismo y las campañas públicas en ámbitos específicos de preocupación ambiental en el nivel nacional (en los países en que se encuentra) y global. Aunque no tiene un prisma político nítido, basa su ética organizacional en la decisión de no recibir financiamiento de empresas ni gobiernos.
COOPTACIÓN EMPRESARIAL Y DIVERGENCIAS EN LAS NACIONES UNIDAS
Durante estos veinte años, y marcadamente a partir de la inútil Rio+10 en Johannesburgo, se ha evidenciado una creciente cooptación corporativa del proceso de Naciones Unidas, lo que se ha evidenciado particularmente en las negociaciones en el marco de las Convenciones de Cambio Climático y Biodiversidad.
Esto ha sido recientemente puesto de relevancia por los movimientos sociales, mediante una declaración, firmada por miles de organizaciones, en que expresan: “el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas comienza con las palabras “Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas resueltos” (..) sin embargo, los intereses de las empresas amenazan con tomar precedencia en la ONU por encima de las voces de los pueblos”.
Como pruebas, la declaración destaca: ”Las agencias de la ONU como UNICEF, el PNUD, la OMS y UNESCO se han comprometido en asociaciones con importantes empresas transnacionales. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente estableció asociaciones con ExxonMobil, Río Tinto, Anglo American y Shell, que son empresas que están implicadas en violaciones de los derechos humanos y destrucción de la biodiversidad”.
También ha habido diferencias dentro de los procesos oficiales de negociación sobre medio ambiente en Naciones Unidas, donde -más allá de las transitorias confrontaciones de énfasis entre bloques como el G77, las potencias industrializadas y las emergentes- ha sido el gobierno de Bolivia, acompañado intermitentemente por sus compañeros del ALBA y otros “díscolos”, que han levantado las posiciones más alternativas, bajo los conceptos del Buen Vivir, los derechos de la Madre Tierra y la deuda climática.
No obstante, tal como también ha ocurrido en Ecuador, estas posiciones “pachamamistas” expresadas en instancias internacionales se han visto contradichas en la implementación real de políticas y planes desarrollistas y pro-empresariales en el territorio nacional (plurinacional, en el caso boliviano), provocando el rechazo de importantes grupos sociales, principalmente indígenas.
RIO+20 Y LA ECONOMÍA VERDE
La nueva Cumbre de la Tierra no genera las expectativas de la de hace dos décadas, no sólo por la historia aquí expuesta, sino porque viene oficialmente forzando principios e instrumentos, bajo el concepto de la “economía verde”, que explícitamente orientan las negociaciones en el sentido de la profundización del modelo de mercantilización de la naturaleza y el ambiente, estrenado hace años mediante los cuestionados y fracasados mercados de carbono. Esto ya se ha evidenciado en las primeras versiones del “Borrador cero” de la declaración de Río+20, titulada “El futuro que queremos”.
El elemento clave de la economía verde es la valorización económica y la transabilidad de los llamados “servicios ambientales”, ofrecidos gratuitamente por la naturaleza, como la disponibilidad de agua, alimentos y plantas medicinales, la captura de carbono, la regulación climática, la prevención de desastres y hasta se menciona a la cultura y el conocimiento de pueblos indígenas.
En palabres de Frei Betto, teólogo y escritor brasileño, en su reciente artículo “Se vende la naturaleza”: “En la lógica capitalista el valor de cambio de un bien está por encima de su valor de uso. Por lo cual los bienes naturales deben tener precio.” Y agrega: “Los consumidores de los bienes de la naturaleza pasarían a pagar, no sólo por la administración de la “manufactura” del producto (igual que pagamos por el agua que sale por el grifo en casa), sino por el bien mismo. Sucede que la naturaleza no tiene cuenta bancaria para recibir el dinero pagado por los servicios que presta. Los defensores de esta propuesta afirman que, por tanto, alguien o alguna institución debe recibir el pago (el don de la selva o del ecosistema).”
Para Gligo, “los resultados de Rio+20 serán mínimos. Tengo la sola expectativa de verificar cómo los contubernios entre los intereses dominantes se las ingenian para evadir los temas ambientales de fondo.” Para él, la economía verde es “otro caballito de Troya que viene a reemplazar términos desgastados e inoperantes. La propuesta de economía verde, en vez de quedarse en declaraciones rimbombantes, debería profundizar sobre el tema de las transnacionales que dominarían esta economía”.
Ricardo Navarro afirma que “la economía verde no cuestiona las causas fundamentales del problema, sino que las toma como base y sobre ellas propone una serie de tecnologías y procesos que continúan con el crecimiento económico”.
Nnimmo Bassey sostiene que “el espectro de la creciente mercantilización de la naturaleza pondrá cargas inaceptables sobre las poblaciones y territorios, y someterá al planeta a un mayor riesgo. No hay duda de que el único grupo de personas que van a Río +20 con gran expectativa son las empresas que ya han capturado al sistema”.
LA ESTRATEGIA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES
Para los movimientos de justicia ambiental, la cumbre oficial de Rio+20 no ofrece las expectativas de cambios estructurales que la gravedad de las crisis globales exigen, y concentran sus esfuerzos en las articulaciones y la acumulación de fuerzas para promover estos cambios a partir de los propios pueblos y su organización.
Este es el sentido de la Plataforma socio-ambiental hacia Rio+20, constituida por más de veinte organizaciones chilenas de diversos sectores (ONG, ambientalista, DDHH, campesino, estudiantil, sindical y otros) que, junto con denunciar la exclusión y opacidad del gobierno en la definición de la posición chilena en Rio+20, han trazado un camino de debates, encuentros y movilizaciones con organizaciones y comunidades de distintas zonas del país, proyectando y vinculando sus luchas hacia el futuro.
Y esta es la esencia de la convocatoria a la gran Cumbre de los Pueblos, “en defensa de la vida y los bienes comunes, la justicia social y ambiental, contra la mercantilización de la naturaleza y la economía verde”, que se desarrollará entre el 15 y el 23 de junio, concluyendo en paralelo con Rio+20.
La Cumbre de los Pueblos está estructurada en tres ejes: la denuncia de las causas estructurales de la crisis, las falsas soluciones y las nuevas formas de acumulación del capital; el impulso a las soluciones reales y los paradigmas alternativos de los pueblos; y la construcción colectiva de la agenda, campañas y movilizaciones comunes más allá de Rio+20.
En palabras de Nnimmo: “Río +20 ofrece un momento importante para los movimientos
de masas para unirse y forjar una visión de un mundo deseado y establecer claramente el tipo de Futuro que NO Queremos. Este es el momento”.
Eduardo Giesen A.
Ingeniero civil electricista, U. de Chile
Miembro del Colectivo VientoSur y de la Plataforma hacia Rio+20

domingo, 3 de junio de 2012

Río+20: Estados pretenden reducir al mínimo regulaciones y salvaguardas respecto a la minería




En las negociaciones que se desarrollan en Nueva York se modifican los párrafos referentes a la minería en el Borrador Cero, ignorando el consentimiento previo, libre e informado.

En Nueva York se está realizando en estos momentos una nueva ronda de negociaciones del Borrador Cero del documento que será aprobado por los Estados en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible Río+20. El Grupo Principal de Pueblos Indígenas denunció que ayer dos párrafos sobre la minería se han negociado a toda prisa, sin el debido cuidado y diligencia necesaria para sus vastas repercusiones negativas en muchos aspectos para el desarrollo sostenible.

La carta remitida a los delegados y delegadas de los Estados que participan en la ronda enfatiza la necesidad de respetar el consentimiento previo e informado antes de aprobar cualquier emprendimiento minero.

Producto de las negociaciones, agrega el documento, los párrafos referidos a la minería no reflejan una visión equilibrada y el enfoque de la situación real en las comunidades afectadas por la minería, ni tampoco son una respuesta creíble a las demandas actuales, que requieren un fuerte liderazgo gubernamental para hacer frente a los problemas de los conflictos sociales, las graves violaciones de los derechos humanos, la profundización  del empobrecimiento de las comunidades afectadas, y la destrucción de ríos, paisajes terrestres y marinos.

Para los pueblos indígenas, Río+20 debe proveer un liderazgo más fuerte de los Estados para vigilar que actividades extractivas como la minería cumplan estándares ambientales y de respeto a los derechos humanos y colectivos, en particular el derecho al consentimiento previo, libre e informado a las comunidades afectadas, como lo establecen los instrumentos internacionales.

En este marco, es indispensable insistir en el establecimiento de regulaciones y salvaguardas y no solo presentar las contribuciones de la minería de manera demasiado positiva. Frente a ello, los pueblos indígenas piden a los Estados considerar los derechos de los pueblos indígenas en el texto que se pretende modificar.

Finalmente, los pueblos indígenas reiteran su llamado a incluir explícitamente la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas en todo lo concerniente a las contribuciones de los pueblos indígenas al desarrollo sostenible, así como a apoyar el consentimiento previo, libre e informado de los pueblos indígenas para el uso de los conocimientos tradicionales, en consonancia con la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y el Protocolo de Nagoya.

Adjuntamos: los párrafos sobre minería que se negocian actualmente en la sede de Naciones Unidas en Nueva York.

Mayo 31 del 2012,
Comunicaciones CAOI


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domingo, 20 de mayo de 2012

ALIMENTOS ORGÂNICOS E AGROTÓXICOS


O Conselho Federal de Nutricionistas (CFN) , em parceria com os Conselhos Regionais de Nutricionistas (CRNs) ,realiza pesquisa, em enquete de opinião,  sobre o Alimentos Orgânicos e Agrotóxicos. A pesquisa, que perpassa diversas questões da produção e comercialização de alimentos, não é restrita ao nutricionista ou técnico.

ORIGEM DOS ALIMENTOS
A produção de alimentos orgânicos vem crescendo no Brasil. Estes produtos, cultivados sem a utilização de pesticidas, fertilizantes e agrotóxicos, podem ser considerados produtos saudáveis. A produção orgânica está conectada com a atenção ao meio ambiente e à preservação dos recursos naturais.
Por outro lado, os agrotóxicos são produtos químicos que podem agredir o ser humano e os recursos naturais. No Brasil, o consumo de agrotóxicos é grande.  Dados do Jornal O Globo mostram que, em 2010, “o Brasil utilizou cerca de 1 bilhão de litros de agrotóxico, em um negócio que movimentou mais de sete bilhões de dólares.”
Para a Agência de Vigilância Sanitária (ANVISA) , os agrotóxicos que apresentam alto risco para a saúde da população são utilizados, no Brasil, sem levar em consideração a existência ou não de autorização do Governo Federal para o uso em determinado alimento. Esta é uma constatação dos  dados Programa de Análise de Resíduos de Agrotóxicos em Alimentos (PARA) divulgados pela ANVISA. Outro dado preocupante é apontado pelo Ministério da Saúde (MS). A pesquisa do MS aponta que “ no Brasil, a segunda maior causa de intoxicação depois de medicamentos é por agrotóxicos

lunes, 23 de abril de 2012

Tribunal federal detiene proyecto hidroeléctrico de 1,82GW Teles Pires







Un tribunal federal dispuso la suspensión de las obras de la central hidroeléctrica de 1,82GW Teles Pires en la cuenca del Amazonas, según el servicio de noticias Agência Brasil.

La decisión preliminar emitida por la Segunda Corte Federal de Mato Grosso anula la licencia de instalación otorgada en agosto pasado por la autoridad ambiental brasileña Ibama.

Entre las irregularidades detectadas por el tribunal se cuenta la omisión de una consulta previa entre las comunidades indígenas, que contraviene la legislación brasileña e internacional.
La corte ordenó la suspensión inmediata de explosiones de roca e impondrá una multa diaria de 100.000 reales (US$55.000) en caso de incumplimiento.

El proyecto, cuyo término costará un monto estimado de US$2.200mn, comunicará el área industrial suroriental con un complejo de represas que se construirían en la cuenca del río Teles Pires, donde confluyen los cursos de agua en los estados de Mato Grosso y Pará.

El consorcio brasileño Teles Pires Energia Eficiente, titular de los derechos de concesión del proyecto, está integrado por Eletrosul (24,5%), Furnas (24,5%) y un 51% para la sociedad que constituyen Neoenergia y Odebrecht.

http://www.latinhydrosummit.com/detalle_noticia/943

Campaña Nacional de Firmas por el NO a la Minería Química a Cielo Abierto
y la Minería Nuclear en todas sus formas


¡Sumá aquí tu firma a este reclamo!